Samanta persigue un sueño: ser maestra para ayudar a su comunidad

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Tiene 21 años e intenta culminar su bachillerato. Había abandonado los estudios, pero en IRFA encontró una oportunidad para seguir. Ahora sueña con llegar a la universidad para estudiar Educación

Miles de venezolanos abandonan o quieren abandonar el país en busca de oportunidades. Para el 2017, la Cámara Venezolano-Americana de Comercio e Industria (Venamcham) reveló que el 77% de los jóvenes emigraría si tuviera la oportunidad de hacerlo. Sin embargo, otros eligen quedarse; otros despiertan a diario ideando iniciativas y apostando por una mejor Venezuela.

“Muchos jóvenes dejaron de creer que hay oportunidades en nuestro país. Yo creo que todos hacemos falta. Tal vez nos hemos equivocado pero, si es de humanos equivocarse, también es de humanos rectificar; lo sé por experiencia propia. Había abandonado los estudios, pero un día desperté y me dije: no puedo renunciar a mi sueño, tengo que perseguirlo y lo voy a lograr”. Así se expresa Samanta Blanco, una joven venezolana que cree que superar las dificultades es posible.

El de Samanta es uno de esos rostros que cotidianamente enfrenta las dificultades con esperanza y esfuerzo. Desde el sector popular El Zorro, en Maturín, estado Monagas, esta joven de 21 años se empeña en hacer posible su sueño: ser maestra e incidir positivamente en su localidad.

“Me afecta la situación del país y hago un gran esfuerzo cada día. Caminando o en un camión llegó a mis clases, me preparo, pongo todo de mi parte para inspirar a otros, especialmente a los que están en la esquina todo el día”, afirma.

En el Instituto Radiofónico Fe y Alegría (IRFA) de Maturín, la joven monaguense realiza estudios de bachillerato, pues aspira cursar la carrera de Educación en la Universidad Nacional Abierta (UNA) o en la Universidad Pedagógica Experimental Libertador (UPEL).

“Creo que  estudiando puedo tener un mejor futuro. Muchos jóvenes de mi comunidad dejaron de estudiar y tienen dos o tres muchachos y muy pocas oportunidades de trabajo, otros se han ido del país para poder ayudar económicamente a sus familias, pero yo no quiero irme, dejar mi barrio, mis amigos, mi familia, no quiero dejar lo que conozco”, sostiene Samanta.

El Zorro es una comunidad fuertemente golpeada por la pobreza, la falta de empleo y la inseguridad. En medio de este contexto, a la joven le parece importante  ser un buen testimonio para los niños.

“Yo acostumbro a sentarme a conversar con los niños de mi sector, a jugar con ellos, preguntar  cómo les va en la escuela y motivarlos para que sigan estudiando. Muchos niños están hoy sin padres que los orienten porque estos han migrado… ese impacto es muy duro”, opina la joven.

Muchas inquietudes dan vueltas en la cabeza de Samanta. “Siempre me pregunto a dónde vamos a parar como país si todos dejan de estudiar, si no hay más maestras en las escuelas o médicos en los hospitales, si no hay madres y padres revisando tareas, bajando la fiebre o abrazando por las noches a sus hijos”.

Samanta Blanco es solo una de las tantas venezolanas que han asumido el Reto País y que promueven la esperanza en cada rincón del territorio. Ella, como muchos venezolanos, está convencida de que el mayor reto es Venezuela.

Por Meli Carolina Espina / @melicespina

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