Arnoldo José Gabaldón: La diáspora es la causa de empobrecimiento más grande de Venezuela

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Con más de 60 años de experiencia en política pública, el ingeniero y primer ministro del Ambiente que tuvo América Latina, reflexiona sobre los retos a afrontar para apoyar el desarrollo sustentable del país, asunto del que se ocupa en su más reciente libro. El individuo de número de la ACFIMAN y la ANIHVEN resalta la necesidad de sanar el tejido social y reconstruir las instituciones, aunque advierte que la recuperación nacional tomará al menos un cuarto de siglo

*Por Marina Piña

Con una vida dedicada al servicio de Venezuela, Arnoldo José Gabaldón Berti (Caracas, 1938) habla con lucidez y claridad sobre su visión del país, los retos a afrontar y cuáles son las palancas en que deben apoyarse los ciudadanos para alcanzar el desarrollo, tema en el cual se fundamenta su más reciente libro, Las palancas del desarrollo sustentable y algunas experiencias personales asociadas,  publicado por la editorial de la UCAB, abediciones, y presentado en la reciente Feria del Libro del Oeste de Caracas.

A sus 85 años, este caraqueño se reconoce como un hombre optimista, persistente, que siente la obligación de plantear propuestas a los jóvenes, de hacer ver que hay que sanar el  tejido social y trabajar en la reconstrucción institucional -y personal- para sacar al país adelante con éxito. En casa tuvo su mejor ejemplo como servidor público: su padre, el médico Arnoldo Gabaldón Carrillo, quien erradicó la malaria en la mayor parte de nuestro territorio.

Gabaldón Berti es ingeniero civil, graduado en la Universidad Católica Andrés Bello, con un máster en Ingeniería Hidráulica por la Universidad de Stanford, en Estados Unidos,  y un diploma en Economía del Desarrollo por la Universidad de Manchester, en el Reino Unido. Durante las primeras dos décadas de su carrera se dedicó al área del manejo de las aguas. En 1961 comenzó en el Ministerio de Obras Públicas (MOP), durante el gobierno de Rómulo Betancourt, como parte de la Dirección de Obras Hidráulicas. 13 años después (y durante el primer gobierno de Carlos Andrés Pérez) fue designado ministro de esa cartera, cargo que ocupó hasta 1977, cuando Pérez lo llama a asumir como titular del recién inaugurado Ministerio del Ambiente y de los Recursos Naturales Renovables, el primero en la historia de Venezuela y América Latina.  

Diputado al extinto Congreso de la República durante dos períodos, entre 1986 y 1989 ocupó el cargo de presidente de la Comisión Presidencial para la Reforma del Estado (COPRE), creada por el entonces  mandatario Jaime Lusinchi. En 2007 ingresó como individuo de número de la Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales de Venezuela (ACFIMAN), y en 2008 fue incorporado como individuo de número a la Academia Nacional de Ingeniería y Hábitat (ANIHVEN). Actualmente forma parte del Grupo Orinoco, instancia no gubernamental integrada por especialistas en diversas áreas que funciona como “centro de pensamiento, reflexión y acción en políticas públicas en desarrollo sustentable, con énfasis en energía y ambiente”, según describe su página web.

A la luz de su amplia experiencia de más de seis décadas en política pública y sus casi 100 trabajos académicos publicados, en esta conversación Gabaldón Berti hace un repaso de las causas del empobrecimiento del país, recuerda que la crisis va más allá de la situación económica e insiste en que es fundamental superar la visión del rentismo para alcanzar el desarrollo sostenible, un concepto del que –dice- muchos tienen una “visión chucuta”.

Hablemos de su más reciente libro, basado en lo que Ud. llama las seis palancas del desarrollo sustentable: instituciones, formación del talento, desarrollo de infraestructura física, el capital económico y la sustentabilidad ecológica. Pero vamos a empezar con lo más básico: ¿qué debemos entender cómo desarrollo sustentable?  

-El común tiende a pensar que el desarrollo sustentable se ocupa fundamentalmente de la preservación de la naturaleza, pero esa es una comprensión chucuta. A mi juicio, debe ser socialmente viable, económicamente viable, políticamente viable y que sea también sustentable desde el punto de vista económico. Desarrollo es un proceso en el cual la gente va alcanzando cada vez niveles mayores de independencia, de libertad para agenciarse sus propias necesidades, para definir su destino. En el libro yo menciono en primer lugar a las instituciones.

¿Le da prioridad, más peso sobre las otras cinco?

-Yo le doy absoluta prioridad a las instituciones. Yo recuerdo mucho a uno de mis maestros y asesores fundamentales, el Dr. Pedro Pablo Azpúrua, ingeniero civil, quien afirmaba que  lo que trasciende el tiempo son las instituciones, no las obras físicas, porque las instituciones son las que permiten que una sociedad funcione, se interrelacione, tenga  una conducta de acuerdo con determinados parámetros. A mí eso se me quedó reflejado y hoy en día estoy convencido. Si analizan el libro, mi principal actuación ha sido en las instituciones. La Reforma del Estado era un proyecto para darle las nuevas instituciones a este país; cuando se crea el Ministerio del Ambiente se da una nueva institución que ni remotamente se había pensado en Venezuela. La otra palanca es el talento, el capital humano. Por supuesto, no solamente desde el punto de vista de que esté saludable, de que esté educado, sino que se entrene para innovar, para entender las cosas que se requieren en el desarrollo.

– Sobre esta palanca, la formación de talento, no podemos dejar de recordar el despido público de miles de empleados de la estatal petrolera, talento formado por el Estado que se perdió en segundos, y así ha pasado con profesionales de otras áreas, como jóvenes médicos y enfermeras que han salido del país. 

 -Ya lo he dicho en otras partes, la causa de empobrecimiento más grande que ha habido en estos 20 años es la diáspora. Ese es el empobrecimiento más dramático, desde todo punto de vista. En el libro menciono una anécdota con mi padre referida al aporte que un grupo de médicos españoles, que vinieron después de la Guerra Civil Española, hicieron al éxito de la campaña antimalárica en el país. Mi padre me decía: ‘Ud. ve a ese señor, él llegó aquí con una maletica, posiblemente haya perdido toda su riqueza material allá, pero lleva en la cabeza lo que nadie le podrá quitar: conocimiento y experiencia’. Ese aporte que tuvimos, nosotros ahora lo hemos dilapidado con la salida de tantos profesionales, la riqueza más grande. Ese empobrecimiento yo no creo que sea subsanable, y no porque sea pesimista, sino todo lo contrario. 25 % de la población perdida, o que perderemos completamente  si aquí no hay una política pública de enhebrar todo el talento que esté por allí y ponerlo a trabajar desde afuera para Venezuela. Fíjate, hoy en día, con la industria petrolera en el suelo ¿de dónde sacas todo el personal entrenado? Chávez en eso mostró su tremenda falta de cultura, es una falta de cultura en el ser humano el no apreciar lo que eso vale, lo que eso significa, el esfuerzo que hizo el país. ¿Cuánto cuesta tener un ingeniero petrolero entrenado?

Pero, usted también ha mencionado que esto que estamos recogiendo no es producto de los últimos 25 años, sino que viene de antes.

-Así es, lo que nos ha pasado a nosotros es un fenómeno social que se debe analizar porque es cuando una sociedad se debilita, cuando una sociedad adopta un camino de regresión social, que no es que se puso pobre porque le vino una crisis económica, no. Desde la muerte de Gómez, para acá, se empezó a contribuir con unas costumbres que son negativas para el desarrollo sustentable. ¿En qué sentido? Falta de austeridad, inclusive los pobres y, por supuesto, la clase media y alta. Hay que tener disposición al ahorro, valoración del tiempo, del trabajo. Nuestra enfermedad es seria y para tomar una senda de verdadero desarrollo van a tener que operarse cambios muy profundos, en instituciones, en primer lugar, pero también en las conductas individuales. Yo creo que los venezolanos hemos sido muy mal acostumbrados, hemos tenido demasiada facilidad.

Nosotros tuvimos una etapa, no tan lejana,  en la cual podemos pensar que estábamos en ese “umbral de la modernidad”, como Ud. lo menciona en su libro. Aparentemente teníamos buenas instituciones, talento formado, buena infraestructura, capital económico. ¿Qué pasó? ¿Se sembró como dice la Biblia en tierra no fértil o es irremediable que los países tengan tiempos de vacas flacas y vacas gordas?

Los países tienen lo que llaman los ciclos económicos, los países desarrollados saben que les viene un tiempo recesivo que les dura tres años y que tienen que hacer unas políticas para salir de eso.  Lo de Venezuela no fue así, si fuera solo una recesión económica, se va Maduro y su gente y se trae unos señores que sepan lo que hay que hacer y a los tres años estamos superando esto; pero no es así, esto no ha sido un problema económico, esto ha sido un problema de conducta humana, de instituciones destruidas. No era que todas las instituciones fueran exitosas en el pasado, no, no lo eran, hay unas que no servían para nada. Pero tuvimos, por ejemplo, la Corporación Venezolana de Guayana, esa fue una gente de progreso, fue capaz de hacer la obra de ingeniería más importante que se hizo en el siglo XX, que fue la represa del Guri. Allí estuvieron los venezolanos metidos y con mucha honestidad administrativa; el Metro de Caracas; la campaña antimalárica que llegó a ser ejemplo mundial.

Podemos pensar que ese éxito se debió a los buenos gerentes que tenían los proyectos

-Sí, obviamente, ha habido un factor personal, pero había un clima auspicioso. Hoy en día uno se pregunta qué institución se puede pensar que no se ha maltratado, eso es muy grave. Pero lo más grave es el sistema educativo, el sistema educativo no era bueno, había contribuido a masificar bastante la educación, de mala calidad… pero existía. Yo comentaba el impacto que me causó ver un video del núcleo de la Universidad de Oriente que va mostrando cómo era aquello, las caminerías, los edificios, y luego cómo está ahora, todo eso destruido. El estado Sucre siempre ha sido un estado muy atrasado, llegó la democracia en el 58 y se decidió, de una vez, crear la UDO, un núcleo muy bien dotado arquitectónicamente, con un rector inteligente, el Dr. Luis Manuel Peñalver. Entonces 50 años después, tú ves cómo aquella estructura fue destruida. Uno se pregunta, y allí es donde viene el punto, por qué la sociedad de ese estado permitió que eso ocurriese, dónde estaban los medios, dónde estaban los sindicatos, dónde estaban los intelectuales de Sucre, que vieron que su núcleo universitario era destruido por los bandoleros, que fueron y saquearon. ¿Qué indica eso? Para mí indica un problema serio de la sociedad, que permite eso.

¿Tal vez no siente que es de ella, no le duele? Si hay una población que está pensando en la sobrevivencia a lo mejor no le interesa la universidad, a lo mejor lo que le interesa es el plato de comida diaria.

-Bueno si, pero fíjate tú, en un estado como Sucre no solamente hay gente que está pasando hambre, ahí hay profesionales, las Fuerzas Armadas, hay un tejido social que está maltrecho. ¿Qué produjo ese tejido social? Lo produjo el militarismo, puede ser. Esa es una hipótesis que hay que analizarla, el peso del militarismo después de la independencia hasta acá. Este país solamente ha tenido 40 años de democracia. ¿Quiénes son el sostén fundamental de este régimen? Los militares. No es el apoyo popular. Entonces, es ese uno de los factores. Puede haber contribuido,  pero para mí el rentismo petrolero fue un factor fundamental en echarnos a perder. Por eso en parte del libro y en el Grupo Orinoco, donde yo participo, el eslogan es para salir del rentismo. ¿Cómo salimos del rentismo? En este país, se va Maduro y viene María Corina, si ella no conduce unas políticas públicas para salir del rentismo, este país no progresará.

¿El ciudadano común se tiene que sentar a esperar que el Gobierno, el Estado o los poderes hagan esas políticas públicas? ¿Qué puede hacer?

-En primer lugar, tratar de educarse y yo creo que ese es un factor en positivo que existe. Yo recuerdo cuando trabajaba en los sistemas de riego, en las Majaguas, en el estado Portuguesa, se hicieron unas aldeas campesinas para que los futuros regantes vivieran allí y pudieran hacer crecer sus parcelas. El primer reclamo que se recibió en el Ministerio de Obras Públicas fue ¿y la escuela? Porque desde hace mucho tiempo atrás la familia analfabeta lo que aspiraba era escuela para sus hijos. En el año 70, cuando hubo el allanamiento de la Universidad Central de Venezuela, en el Gobierno del doctor Caldera,  el caporal de la finca que tenía un tío mío en Boconó -un señor analfabeta, muy trabajador, con su esposa que contribuía a la economía familiar haciendo cuajada y otras cosas-  cuando le pregunté cómo estaban las cosas por allí, él me respondió que estaba muy preocupado por el cierre de la universidad, allá en Caracas, porque tenía dos hijos en la universidad. Fíjate tú el salto social astronómico de una familia cuyo padre y madre son analfabetos con dos hijos que van y pueden llegar a la universidad. Bueno, allí está reflejado el deseo de la gente de estudiar.

Un signo de movilidad social

Así es, nuestros problemas de desarrollo son muchos y muy complejos y, lamentablemente, uno aprecia que no forman parte de las discusiones de la agenda política de los dirigentes. No están  demostrando conciencia de que ellos entienden esta situación. Ese es uno de los dramas que tiene este país.

Ud. ha tenido una vida dedicada al servicio, ha sido persistente y aún continúa, porque en el Grupo Orinoco me imagino que ese debe ser el sentido. La persistencia no es enemiga de la inmediatez, que es lo que vivimos ahora.

-Lo que yo expongo en el libro, sobre todo pensando en los jóvenes, es que la gente en la vida debe tener persistencia en la ruta que escoge. Estos muchachos que son muy inteligentes, muy exitosos, pero que están brincando, son comerciantes, de pronto se meten a ganaderos y de allí a querer ser banqueros. A mí la vida me ha enseñado que lo exitoso es el producto de la constancia. En eso, sencillamente, mi mejor ejemplo fue mi padre. Mi mamá decía que en casa no se hablaba sino de malaria, sólo de malaria. Pero bueno, esa era su vida hasta su muerte. Eso hay que decirle a los jóvenes: toma un camino y profundiza en él, persiste, persiste.

Buena parte de su vida pública estuvo ligada al desarrollo hidráulico en el país, se investigó, se planificó, se creó ¿Qué siente ahora, al ver la situación en que estamos en esa área?

-Bueno, allí estamos en el Grupo Orinoco preparando un memorándum simbólicamente para las nuevas autoridades de las aguas de la próxima administración, para decirle lo que creemos que es prioritario. Uno de los aspectos que mencionamos es que Venezuela, en los años 60-70, fue pionero en América Latina en materia de agua. Venía la gente a ver cómo era lo que se estaba haciendo en la Comisión de Planificación de Recursos Hidráulicos. ¿Puede creer que desde hace 30 años se acabó la investigación hidráulica, está desterrada de la administración pública? ¿Qué significa para un país que una actividad fundamental esté dejada de lado? La semana pasada me mandó José María de Viana (expresidente de Hidrocapital) una copia de un estudio que evalúa el servicio en los últimos cinco años. Las cifras son horrendas, nosotros no vamos sino en franco retroceso, el porcentaje de familias que recibe agua continua en este país es mínimo. Vamos marcha atrás. Que esté paralizado, estacionado, puede pasar por motivos económicos, pero que vaya de regreso en la calidad de su servicio es muy mal síntoma. Ahí está lo de la energía eléctrica, nosotros estamos consumiendo la misma electricidad que en el año 2000, han pasado 25 años en que esta población no aumentó el consumo de electricidad. Son índices sumamente preocupantes del derrumbamiento de un país.

El tema tratado por usted para su incorporación a la Academia fue sobre cómo puede afectar el cambio climático a Venezuela. Eso lo traigo a colación porque un experto pedía a la población, a finales de noviembre, que guardaran agua porque venía -por efecto del Niño- un período próximo y fuerte de sequía. ¿No está tan lejano el país de las afectaciones del cambio climático, como piensan algunos?

-Venezuela está comenzando a ser afectada con una disminución de la precipitación durante el año, sobre todo del centro al oriente del país, y eso significa menor torrente en los ríos. Son cosas tangibles dentro de los efectos posibles, también en la agricultura porque los cultivos se amoldan a los patrones climáticos. Entonces si se va haciendo cada vez más seco, las temperaturas son mayores. ¿Cómo es el proceso de maduración de los cultivos? Te digo una cosa, para mí ha sido satisfactorio la escogencia de ese tema: Posibles efectos del cambio climático sobre Venezuela. Eso fue en el 2007, y ha sido uno de mis trabajos más leídos.

Después de todo este panorama: ¿Cuál es su reto país?

 -Como hombre optimista, yo sigo pensando que si nos ponemos las pilas, salimos de este régimen, viene un equipo de gente de mentalidad luminosa y se empiezan a aplicar las políticas públicas que se deben y a reestructurar las instituciones, puede que nosotros nos encaucemos, pero así mismo pudiera no ocurrir.

¿En cuánto tiempo nos encausaremos?

-Recuperarnos no es una cosa de menos de 25 años. Aquí hay unas mentes livianas que dicen: ¡No! Si salimos del régimen a los tres años está esto que es un hervidero. Mentira. Werner Corrales, quien ahora está en la coordinación del Grupo Orinoco, se puso a ver cómo  había sido el proceso de recuperación de los países que más sufrieron después de la Segunda Guerra Mundial: Alemania, Francia, Inglaterra, Italia. Sus tasas de recuperación fueron no menores de 26 años. Por supuesto, yo no voy a vivir eso, pero uno tiene el deber de planteárselo a los jóvenes. Debemos sanar nuestros malos hábitos si queremos salir de esta crisis política, de lo contrario seguiremos igual.

El libro Las palancas del desarrollo sustentable y algunas experiencias personales asociadas, del ingeniero Arnoldo José Gabaldón Berti, está disponible en varias librerías del país, entre ellas Tecniciencia;  El Buscón, de Paseo Las Mercedes; Kalathos, del Centro Los Galpones, y la UCAB.

*Fotos: Carlos Miliani (retratos) y Christian Lazo (detalle del libro)

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