La importancia de promover la resiliencia en las familias

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Durante una videoconferencia, tres psicólogas investigadoras de la UCAB coincidieron en la necesidad de que los venezolanos mantengan conexión con la esperanza, porque sin la idea de que la vida puede ser distinta, no tendrán la fuerza para sobreponerse a la crisis socioeconómica y las secuelas de la COVID-19

*Por Elvia Gómez

Al igual que el resto del mundo, los venezolanos están sometidos a las restricciones de la cuarentena sanitaria por la pandemia de la COVID-19. No obstante, la población ya venía padeciendo privaciones y amenazas que han hecho de esta circunstancia sobrevenida un verdadero “trauma ante el cual “es muy difícil ser invulnerables”, coincidieron las psicólogas de la Universidad Católica Andrés Bello, Janet Guerra, María Fernanda Peña y María Eugenia Tovar.

Las especialistas fueron convocadas por el decano de la Facultad de Humanidades y Educación de esa casa de estudios, José Francisco Juárez, quien promovió la videoconferencia “Educando en valores: cómo desarrollar la resiliencia en la familia”, que se realizó el jueves 11 de junio.

Otros aspectos que expusieron de manera coincidente las psicólogas es la importancia de que las familias tengan esperanza –“capacidad de soñar” – y creatividad, porque si no tienen la idea de que la vida puede ser distinta, no tendrán la fuerza necesaria para sobreponerse a los cambios.

Alcanzar el éxito y probar que se ha logrado ser resiliente ante la adversidad, es un resultado que se ve al final del proceso, insistió en su intervención María Eugenia Tovar, psicóloga clínica, especialista en psicología clínica comunitaria.

Tovar es parte del equipo de la Unidad de Psicología “Padre Luis Azagra” (UPLA) de la UCAB, adscrita a la Extensión Social de esta universidad, que opera en el Parque Social “Manuel Aguirre s.j.”.

La psicóloga explicó que la palabra resiliencia fue adaptada a las ciencias del comportamiento en la segunda mitad del siglo XX, desde el ámbito de la ecología, donde se aplicó a los ecosistemas que, no obstante padecer perturbaciones importantes, lograban recomponerse y mantener sus equilibrios y relaciones.

La resiliencia no se puede desarrollar individualmente, es interrelacional, se da entre diferentes partes de un sistema. La resiliencia es una consecuencia de estar sometido a fluctuaciones y el sistema se ve obligado a reajustarse a esas condiciones”.

También señaló Tovar que, si bien para alcanzar la resiliencia personal los lazos sociales son muy importantes –son “la semilla”–, ciertas características innatas de los individuos les ayudan a encontrar mejores soluciones, aunque todos los seres humanos tienen la capacidad de dar respuesta a una situación puntual muy estresante.

Adicionalmente, dijo Tovar, los venezolanos ya antes del confinamiento venían afrontando las situaciones de escasez y problemas asociados a la situación económica y fallas de servicios públicos, lo que configura una suerte de “entrenamiento” previo para las circunstancias impuestas desde mediados de marzo.

Algo que también se mencionó es la importancia de que la realidad sea aceptada tal y como es, sin evasiones, ya sean las consecuencias de la cuarentena, la situación económica o el alejamiento familiar. Estar conscientes de lo que se siente, identificar claramente esas emociones y darse permiso de experimentarlas, son aspectos importantes del proceso, dijeron las psicólogas.

El sistema familiar

María Fernanda Peña, integrante del equipo del Centro de Asesoramiento y Desarrollo Humano (CADH UCAB), hizo la distinción entre el proceso de resiliencia y el conformismo, y aclaró no son lo mismo.

Esto va de la mano con conocernos a nosotros mismos y saber hasta dónde podemos llegar. Tenemos que ser sensatos con nosotros mismos y poner límites”. Recordó Peña que las exigencias del país obligaban al movimiento permanente y, de pronto, todo se detuvo.

“Eso nos puso frente a nuestras emociones, que antes no tuvimos tiempo de sentirlas y ponerles nombre. Eso puede ser abrumador y dar miedo, pero no podemos ser invulnerables y pensar que no podemos sentir nada, cuando estamos sintiendo tantas cosas al mismo tiempo”.

También invitó a no dejarse llevar por recomendaciones que se divulgan en diferentes medios y redes sociales, porque no se trata de “recetas de cocina” que cualquier persona pueda adaptar para sí mismo. “Cada uno tiene su historia y su ambiente diferente”.

Peña, también responsable de la cátedra de Psicología Escolar, invitó a fijar límites personalizados sobre lo que cada uno puede hacer y necesita, así como revisarlos, individualmente o en conversación con otros con los que se sienta seguro. Describió de forma sencilla cómo lo que las familias venezolanas están viviendo –“que los hace sentir indefensos, inseguros”– es una situación traumática que afecta directamente el funcionamiento cotidiano.

“La familia es un sistema en el que se definen pautas socioculturales, reglas, códigos de convivencia y las personas que la integran están vinculadas con sus motivaciones, deseos y objetivos”.

Puso de relieve que la familia es una relación de subsistemas que tienen jerarquías y dinámicas que han estado sometidas, en los últimos tres meses, a presiones peculiares por unos cambios que se impusieron de forma abrupta, tras la declaración del confinamiento y la exigencia de continuar con la “escuela en casa”.

“Eso lo vemos en cosas tan sencillas como el cambio de la rutina. Hay un cambio de roles, soy la maestra de mi hijo, soy la alumna de mi mamá y no solo su hija. Esa adaptación cuesta, porque ya el sistema de relaciones estaba establecido y eso siembra ansiedad e irritación. Estamos en una situación inédita para la que no estábamos preparados. De allí que hay dificultades para la concentración, se acentúa la procrastinación y nuestra mente entra en modo de supervivencia. Es muy difícil ser invulnerable a esto que nos está pasando”.

La profesora Janet Guerra, coordinadora de Responsabilidad Social de la Escuela de Psicología de la UCAB, hizo de moderadora de la conferencia. Relató experiencias vividas en su labor profesional en comunidades de las zonas populares, donde encontró personas que fueron capaces de hallar en ambientes adversos, rutinas y métodos para seguir adelante y ayudar a otros miembros de su familia que no tenían la misma fortaleza. De allí que identificó, entre las características que ayudan a superar las dificultades, una elevada capacidad de introspección.

“Son capaces de ver dentro de sí mismos y determinar qué pasa a su alrededor, qué es lo que necesitan y producir su propia manera de afrontarlo. Parte de la fortaleza es también reconocer las debilidades y aceptar la ayuda cuando se les ofrece”.

También dio gran importancia a que los niños y jóvenes se mantengan dentro del sistema educativo y animó a los docentes a ser flexibles y facilitarles esa permanencia, para que desarrollen competencias que los ayuden a encarar las dificultades.

 ¿Cómo prepararse para después de la cuarentena?

Ante ciertas inquietudes expresadas por el público que siguió la charla sobre lo que sucederá cuando se levante la medida de confinamiento, María Fernanda Peña dijo que en esa preparación la introspección es determinante, sobre todo, teniendo en consideración que las dificultades que hay que enfrentar en Venezuela son producto de un problema crónico que se intensificó con las medidas que exigió la COVID-19.

Se trata de ir paso a paso cuando llegue la nueva normalidad, si no, sería el mismo efecto del inicio de la cuarentena, que fue tan abrumador que no sabíamos cómo responder”.

Finalmente, la profesora Guerra señaló que es importante tener claro que, al levantarse el confinamiento, “no necesariamente se va a volver a las condiciones que teníamos antes” y que será fundamental mantenerse muy atentos a todas las medidas para el autocuidado, “porque la COVID-19 no desaparece”, de modo que habrá que ir desarrollando nuevas rutinas.

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